13 abril 2014

Palabras para un lunes

Jamás se quedaba sin palabras. Su labia les parecía fantástica. No sólo le salían a borbotones comentarios ingeniosos, sino que también sabía narrar de tal manera que los otros se quedaban sin aliento. Farid contaba tan bien que era como estar viendo lo que decía. En eso consistía el milagro, porque los chicos no estaban acostumbrados a tales historias. En casa raras veces oían alguna, y si las oían rebosaba de moralina, así que pronto se aburrían. En cambio, las palabras de Farid eran coloridas y ligeras, y les producían cosquillas en el corazón.

Rafik Schami El lado oscuro del amor


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